¿Te pasa que empiezas bien… y después de comer todo cambia?
Llega el sueño, el bajón y, de la nada, aparece esa “necesidad” de dulce o harinas.
Lo peor es que muchas “soluciones” te exigen perfección: control total, dieta perfecta, fuerza de voluntad infinita…
y si no lo logras, vuelve la culpa.
Pero tú no naciste para vivir en modo lucha.
Lo que necesitas es sentirte más estable para sostener tu día: menos ruido mental, menos impulsos, más calma y control.